Historia de una mujer cubana emprendedora

Olga tiene dolores que le corren por la espalda insistentemente, “el negocio me ha deteriorado”, me dice. La vista le ha disminuido con el tiempo y el esfuerzo. De pie en la quietud de su casa es capaz de convertir un cartón inerme en una colorida piñata. Todo comienza en su mente y luego las manos se van moviendo con determinado compás y surge, de elementos aparentemente planos, la vida y el color.

Olga Ibis Sarduy Trigo es una emprendedora de espíritu. Los avatares de los años no han mellado su avance. En medio de todo proceso natural continúa golpeando los obstáculos, como tantas otras mujeres con pequeñas empresas en Cuba.Hoy me afirma con orgullo: “ya tengo un nombre para mi negocio, y lo siento con más impulso”.

Olga Ibis es una mujer hermosa, inquieta, no hace pausas cuando habla y siempre le parece que se le queda algo por decir. Sentadas en el silencio de la Parroquia de Patrocinio me contó, una tarde, el devenir de su negocio: "Alana", una tienda para fiestas.

La historia comenzó luego de que Sarduy Trigo se graduó como constructora civil. Nunca ejerció la profesión y le ofrecieron una plaza de pintora-rotulista en Cultura Provincial que decidió aceptar. “Me dediqué mucho tiempo a hacer carteles, para la biblioteca, para el museo…Lo cierto es que siempre he tenido inclinación por la pintura y fue en aquel momento en el cual comencé a hacer postales para cumpleaños y las vendía; pero era algo muy informal.

“Aun siendo pintora-rotulista ingresé en el coro profesional y fue la época en que tuve a mi primera niña. Cuando Ana cumplió 1 año de edad le celebramos el cumpleaños y todo se lo hice yo. A partir de ahí las personas comenzaron a ver los productos y a hacerme algunos encargos. En ese momento pensé en serio iniciar un negocio de ese tipo.

“Luego dejé de trabajar en Cultura y así tuve más tiempo para dedicarme a las manualidades. Saqué patente en 2010 y comencé a trabajar duro en mi casa. Todo lo hacía por encargo y no exhibía en ningún sitio la mercancía. Dos años más tarde abrí un punto de venta en la calle Horrutinier entre San Fernando y Argüelles, y se unió por un tiempo conmigo una muchacha, Diana. En aquel momento no teníamos un nombre definido y nos hacíamos llamar “Cumple fleco”. En ese lugar duramos apenas 1 año y tanto”.

Después de eso Olga vivió diversas mareas, otros cierres de puntos de venta, otros abandonos de socios, tuvo que encontrar alternativas, no siempre las mejores, para que sus productos no murieran. Pasaron quince años. Ahora Olga Ibis vive el momento de esplendor de su negocio, que se ha solidificado y madurado en la medida precisa.

“Ya tengo un nombre definitivo: “Alana”, que es la combinación del nombre de mis dos hijas (Alba y Ana). Y estoy muy contenta porque estaba buscando un nombre así, familiar, pues el negocio siempre ha sido en y desde la familia, mi esposo llevó por mucho tiempo las cuentas y ahora lo seguirá haciendo. Cuando busqué el significado del nombre supe que en celta quería decir: armonía, y eso está muy acorde con nuestra empresa.

“Ahora reabriré nuevamente en mi casa. Ya todo lo tengo listo. Comenzaré a trabajar con una artista de la plástica que tiene experiencia atendiendo a clientes. El negocio tendrá un giro distinto pues ya no será solo para artículos de cumpleaños, quiero ampliar las ofertas. Habrá todo aquello que sirva para una celebración: para bautizos, bodas, nacimientos, aniversarios, cumpleaños, quince años. Allí los clientes podrán encontrar una amplia gama de opciones, desde un recordatorio, una felicitación, una postal, una invitación, hasta una vela para una comunión y todo producto para cumpleaños.

“En Cienfuegos no hay ofertas que faciliten una postal para un bautizo, para la Navidad, por ejemplo, ese mercado aquí no existe. De esta forma busco, a la vez, hacer un bien a los clientes que necesiten esos productos, y a mi realización más personal.

El negocio de Olga I. Sarduy guarda una estrecha relación con el Taller Emprende.

“La relación con CubaEmprende es extraña, pero Dios sabe por qué hace las cosas. Pasé el taller en el 2014, en enero, y en marzo nos sacaron del lugar donde vendíamos. Aun así aprendí mucho, el taller me motivó a ampliarme, pude entender la dinámica de una empresa. CubaEmprende me ha enseñado, me ha dado fuerzas, esperanzas, la ilusión de abrirme más y de vivir con fuerzas esto de ser una emprendedora, una mujer de negocio, ha encendido en mí una llama de esperanza, de motivación, de optimismo”.

Olga siente una fascinación por lo que hace, y hay pocas felicidades más grandes que la de poder trabajar en lo que uno desea y vivir de ello. La habilidad manual le viene por herencia materna, me cuenta, pero ella ha aprendido a hacerla suya, con sus modos, con sus manías. “Una siempre quiere mejorar su vida económica, pero si yo coloco en una balanza los dos aspectos, te aseguro que lo hago más por llenar mi parte espiritual. Me puedo pasar un día entero trabajando sin almorzar, el mundo se me olvida”.